Publicitat
Atenció: Aquest fil té més d'un any d'antiguitat, i els seus continguts podrien haver quedar obsolets.

Fòrum

Boníssim article de Manuel Castells sobre la independència a La Vanguardia

El_Mussol (12760 missatges)

La palabra revolución, estrictamente hablando, se refiere a la transformación de las relaciones de poder en una sociedad, puesto que las instituciones que las expresan son matriz de la vida de la gente. Y el poder se expresa en el Estado. Por eso proclamar la independencia de Catalunya sería una revolución: el actual Estado español dejaría de existir y un nuevo Estado europeo vería la luz, tal y como hicieron recientemente los estados balcánicos o exsoviéticos o Eslovaquia y según aspiran Flandes y Escocia. Revolución no implica violencia. Existen ejemplos históricos de divorcios nacionales amigables, Suecia y Noruega sin ir más lejos. En realidad en el contexto español-catalán la violencia a gran escala es impensable y socavaría la legitimidad social del proceso de secesión. Que se lo pregunten a los vascos, que sólo tras el fin previsible de ETA se pueden plantear la plena soberanía. Por tanto, la revolución nacional en Catalunya será tranquila o no será. Es decir, aun con momentos dramáticos, debería poder circular por cauces institucionales autónomos del Estado central, apoyados eventualmente en procesos de desobediencia civil. Ese es el horizonte vislumbrado por más de un millón de catalanes manifestándose tras la pancarta menos ambigua de la historia anunciando un nuevo Estado independiente en Europa. Para darse cuenta de la profundidad de esta tranquila determinación había que estar en esa manifestación y recorrerla de cabo a rabo durante horas. Estoy seguro de que muchos ciudadanos españoles hubieran cambiado su percepción (tal vez no su convicción) de haber estado allí.

La fiesta multicolor y familiar, con tres generaciones de una familia abrazándose y riendo, las jovencitas pintadas de independencia, los cánticos, los acentos y fanfarrias de pueblos y comarcas, los castellers infantiles, los jocosos gracejos, el mar de estelades ondeando al viento, y esa firmeza alegre en que la rauxa dejaba paso a la calma convicción de que ya se había llegado. De que Catalunya sería independiente, de que no habría más pseudonegociaciones, decepciones, engaños, vueltas atrás. Nadie sabía cómo ni por qué, pero no se dudaba de la independencia, sobre todo entre esa juventud crecida en el espacio de autonomía educativa, lingüística y cultural que conquistaron sus mayores. "La independencia es la solución", proclamaban sus pancartas al ardiente cielo de verano. Nadie se preguntaba por el pacto fiscal o por los mecanismos constitucionales o por la prima de riesgo. La mágica palabra resolvía todo, porque una vez en su casa, como dueños de su vivencia colectiva, ya la pondrían en orden. "Ilusos irresponsables", dirían sus realistas críticos desesperados en la crisis de nunca acabar. Pero en sus ojos y en sus risas había esperanza, una esperanza que mueve y conmueve, una esperanza que falta en sociedades europeas atenazadas por el miedo y asqueadas por sus representantes. Porque las revoluciones son ante todo emocionales y en la naciente revolución catalana la emoción corre a raudales, convenientemente templada por el seny.

¿Por qué ahora? Las revoluciones suelen resultar de la concatenación de varios factores. Una crisis económica profunda que deja a mucha gente, y en particular a los jóvenes, sin medios de vida. La rapacidad de los amos del dinero. La desconfianza en las instituciones políticas y el rechazo a quienes las ocupan. El escepticismo sobre promesas nunca cumplidas. Y sobre todo la humillación personal y colectiva por parte de los mandamases. Algarabía será la palabra hiriente que quedará en el epitafio de un político que no quiso o no pudo ni escuchar ni entender. Desprecio de lo que uno es, con el añadido de que nada cambiará por mucho que griten, si es necesario con el artículo 8 de la Constitución en la mano. Todos esos ingredientes del brebaje inductor de revoluciones están presentes en la Catalunya de hoy. Y se expresaron con fuerza creciente en las últimas tres décadas y con mayor intensidad en los últimos tres años. El dato más citado, el porcentaje de catalanes encuestados que votarían sí en un eventual referéndum por la independencia de Catalunya era el 36% en marzo del 2001, el 42,9% en junio del 2011, el 44,6% en febrero del 2012, y supero la mayoría, con un 51,1% en julio del 2012. Claro está que cuesta mucho menos contestar a una encuesta que decidir su vida y la de sus hijos con un voto. Pero lo importante es la tendencia. Y ahí es donde la confluencia de crisis económica, crisis de legitimidad política y humillación de la propia identidad conducen al mayor sentimiento independentista de la historia contemporánea de Catalunya. Cierto es que con una mayoría exigua no es viable proclamar la independencia. Pero ya se encargarán los políticos españolistas, jaleados por la caverna mediática, de engrosar rápidamente la legión de los humillados y la intensidad de la rauxa. Y la experiencia histórica dice que cuando la amplia mayoría de un pueblo piensa contradictoriamente a la Constitución, es esta la que cambia, a menos que se imponga una dictadura, lo cual es socialmente inviable.

El "¿ahora qué?" parece claro, aunque sus ritmos y procesos son imprevisibles. Si el Gobierno y el PSOE siguen diciendo no al pacto fiscal, Mas, que está ejerciendo de líder tranquilo y firme de la llamada transición nacional, convocará elecciones que consagrarán la desaparición de un PSC que ya no tiene C y dejará al PP atrincherado en un reducto españolista con horizonte de extinción generacional. Un Parlament mayoritariamente soberanista convocaría un referéndum con garantías, aun al margen de la ley española. Y si la negociación con España fracasa, habría desobediencia civil e institucional, empezando por la tributación voluntaria a una agencia catalana. ¿Europa? Puede reflexionar la UE. Y tampoco les va tan mal a Suiza, Noruega o Islandia, enlazadas a la UE por múltiples acuerdos.

Lo impensable es posible. La independencia, partiendo de un sentimiento ampliamente mayoritario el día que exista, es posible, pese a los constitucionalistas tertulianos. A menos que haya una negociación inmediata, seria y constructiva que empiece por un pacto fiscal justo con Catalunya manteniendo la solidaridad con España.


http://www.lavanguardia.com/opinion/articulos/20120915/54349610696/catalunya-revolucion-tranquila-manuel-castells.html#ixzz26Udc2WXt 

Respostes

Configuració
  • El_Mussol (12760 missatges)

    Massa tard per fer traduccions, demà l'afegeixo  

  • El_Mussol (12760 missatges)

    La paraula revolució, estrictament parlant, es refereix a la transformació de les relacions de poder en una societat, ja que les institucions que les expressen són matriu de la vida de la gent. I el poder s'expressa a l'Estat. Per això proclamar la independència de Catalunya seria una revolució: l'actual Estat espanyol deixaria d'existir i un nou Estat europeu veuria la llum, tal com van fer recentment els estats balcànics o exsoviètics o Eslovàquia i segons aspiren Flandes i Escòcia. Revolució no implica violència. Hi ha exemples històrics de divorcis nacionals amigables, Suècia i Noruega sense anar més lluny. En realitat en el context espanyol-català la violència a gran escala és impensable i soscavaria la legitimitat social del procés de secessió. Que l'hi preguntin als bascos, que només després de la fi previsible d'ETA es poden plantejar la plena sobirania. Per tant, la revolució nacional a Catalunya serà tranquil · la o no serà. És a dir, fins i tot amb moments dramàtics, hauria de poder circular per vies institucionals autònoms de l'Estat central, recolzats eventualment en processos de desobediència civil. Aquest és l'horitzó albirat per més d'un milió de catalans manifestant després de la pancarta menys ambigua de la història anunciant un nou Estat independent a Europa. Per adonar-se de la profunditat d'aquesta tranquil · la determinació calia estar en aquesta manifestació i recórrer-la de cap a peus durant hores. Estic segur que molts ciutadans espanyols haguessin canviat la seva percepció (potser no la seva convicció) d'haver estat allà.

    i aquesta fermesa alegre en què la rauxa deixava pas a la calma convicció que ja s'havia arribat. Que Catalunya seria independent, que no hi hauria més pseudonegociaciones, decepcions, enganys, voltes enrere. Ningú sabia com ni per què, però no es dubtava de la independència, sobretot entre aquesta joventut crescuda en l'espai d'autonomia educativa, lingüística i cultural que van conquistar els seus majors. "La independència és la solució", proclamaven les pancartes al ardent cel d'estiu. Ningú es preguntava pel pacte fiscal o pels mecanismes constitucionals o per la prima de risc. La màgica paraula resolia tot, perquè un cop a casa, com amos de la seva vivència col · lectiva, ja la posarien en ordre. "Il · lusos irresponsables", dirien els seus realistes crítics desesperats en la crisi de mai acabar. Però en els seus ulls i en els seus rialles havia esperança, una esperança que mou i commou, una esperança que falta en societats europees tenallades per la por i asqueadas pels seus representants. Perquè les revolucions són sobretot emocionals i en la naixent revolució catalana l'emoció corre a dojo, convenientment temperada pel seny.

    Per què ara? Les revolucions solen ser de la concatenació de diversos factors. Una crisi econòmica profunda que deixa a molta gent, i en particular als joves, sense mitjans de vida. La rapacitat dels amos dels diners. La desconfiança en les institucions polítiques i el rebuig als que les ocupen. L'escepticisme sobre promeses mai complertes. I sobretot la humiliació personal i col · lectiva per part dels capitostos. Algaravia serà la paraula feridora que quedarà en l'epitafi d'un polític que no va voler o no va poder ni escoltar ni entendre. Menyspreu del que un és, amb l'afegit que res canviarà per molt que cridin, si cal amb l'article 8 de la Constitució a la mà. Tots aquests ingredients del beuratge inductor de revolucions són presents a la Catalunya d'avui. I es van expressar amb força creixent en les últimes tres dècades i amb major intensitat en els últims tres anys. La dada més citat, el percentatge de catalans enquestats que votarien sí en un eventual referèndum per la independència de Catalunya era el 36% el març del 2001, el 42,9% al juny del 2011, el 44,6% al febrer del 2012 , i va superar la majoria, amb un 51,1% al juliol del 2012. És clar que costa molt menys contestar una enquesta de decidir la seva vida i la dels seus fills amb un vot. Però l'important és la tendència. I aquí és on la confluència de crisi econòmica, crisi de legitimitat política i humiliació de la pròpia identitat condueixen al major sentiment independentista de la història contemporània de Catalunya. És cert que amb una majoria exigua no és viable proclamar la independència. Però ja s'encarregaran els polítics espanyolistes, aclamats per la caverna mediàtica, de engrossir ràpidament la legió dels humiliats i la intensitat de la rauxa. I l'experiència històrica diu que quan l'àmplia majoria d'un poble pensa contradictòriament a la Constitució, és aquesta la que canvia, llevat que s'imposi una dictadura, la qual cosa és socialment inviable.

    El "ara què?" sembla clar, encara que els seus ritmes i processos són imprevisibles. Si el Govern i el PSOE segueixen dient no al pacte fiscal, Mas, que està exercint de líder tranquil i ferm de l'anomenada transició nacional, convocarà eleccions que consagraran la desaparició d'un PSC que ja no té C i deixarà el PP atrinxerat en un reducte espanyolista amb horitzó d'extinció generacional. Un Parlament majoritàriament sobiranista convocaria un referèndum amb garanties, tot al marge de la llei espanyola. I si la negociació amb Espanya fracassa, hauria desobediència civil i institucional, començant per la tributació voluntària a una agència catalana. ¿Europa? Pot reflexionar la UE. I tampoc els va tan malament a Suïssa, Noruega o Islàndia, enllaçades a la UE per múltiples acords.

    El impensable és possible. La independència, partint d'un sentiment àmpliament majoritari el dia que hi hagi, és possible, tot i els constitucionalistes tertulians. Llevat que hi hagi una negociació immediata, seriosa i constructiva que comenci per un pacte fiscal just amb Catalunya mantenint la solidaritat amb Espanya.

  • novren (18901 missatges)

     la desaparición de un PSC que ya no tiene C

     

    Ves per on, ja fa mesos que ho diem, per aquí al Racó




Publicitat
Publicitat

Fòrums

  • 5.030.341 missatges
  • 186.856 temes
Fixa la barra dreta
Accedeix als fòrums

Publicitat